En algún momento de la vida todos hemos podido sentirnos bajo los efectos del “Estrés”. Lo primero que debemos saber es que el estrés es necesario para la vida, es la activación que el cuerpo ejercita ante estímulos externos y que nos pone en alerta para que podamos reaccionar de una manera adecuada ante los problemas del día a día.

 

En el caso del estrés, como por ejemplo en el caso del colesterol, nos encontramos con dos tipos, el bueno y el malo. En el caso del estrés malo (o distrés), nos encontramos con la incapacidad de gestionar determinada carga de estímulos y canalizarlos para que nuestras reacciones sean adecuadas. Los niveles de ansiedad se elevan y se pueden sufrir síntomas físicos que se convierten en experiencias muy desagradables para el individuo. Es bueno, cuando nos encontramos con este tipo de situaciones, recurrir a un profesional que pueda ayudarnos a comprender y gestionar los momentos que nos generan este distrés, esta sobrecarga de estímulos que nos rebasa. Con una identificación correcta del problema y un poco de constancia, los resultados pueden ser enormemente gratificantes.

 

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