Entramos en otoño y con ello aumenta el riesgo de padecer los síntomas de lo que se conoce como “depresión otoñal”.

La disminución de horas de luz solar, la bajada de las temperaturas, la vuelta a la cotidianeidad de la rutina, son factores que pueden incidir en un estado de ánimo sensiblemente más bajo del que mostramos en otras épocas del año.

Pueden presentarse problemas para conciliar el sueño, regular el apetito, mantener la concentración o sentirse malhumorado durante gran parte del día.

Generalmente se trata de un trastorno pasajero y que puede ser sobrellevado introduciendo pequeños cambios voluntarios en nuestro día a día.

Es importante vigilar nuestros estados emocionales y ser conscientes de sus variaciones. Conocernos y comprender el por qué de determinadas reacciones que experimentan nuestro organismo y nuestra persona, puede ayudarnos en gran medida a alcanzar un mayor estado de bienestar.

 

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